El cambio climático ya no es una hipótesis: es una realidad. Las tormentas, las lluvias intensas, las olas de calor e incluso las heladas son cada vez más frecuentes. Estos fenómenos extremos debilitan las infraestructuras eléctricas y perturban la distribución de energía en todo el país.
Hoy, los actores del sector deben actuar. Adaptar las redes se ha vuelto esencial para garantizar la continuidad del servicio y afrontar fenómenos climáticos cada vez más frecuentes e intensos.
Los efectos del cambio climático se manifiestan directamente sobre el terreno. Cada tipo de fenómeno meteorológico causa sus propios daños.
Las tormentas y los vientos fuertes arrancan líneas aéreas, dañan postes y provocan cortes masivos de electricidad. En muchos casos, la vegetación que cae sobre los cables agrava aún más los daños.
Las lluvias intensas y las inundaciones anegan subestaciones, transformadores y redes subterráneas. El agua deteriora los equipos, aumenta el riesgo de cortocircuito y alarga los tiempos de reparación.
Las olas de calor y las sequías también tienen su parte de responsabilidad. Los cables se sobrecalientan, los equipos pierden rendimiento y la demanda eléctrica se dispara debido al uso del aire acondicionado. Resultado: las redes operan bajo tensión constante.
Ante estos riesgos crecientes, los operadores de red están aplicando soluciones técnicas y organizativas sólidas.
El objetivo: reforzar la fiabilidad del sistema eléctrico y minimizar el impacto de los fenómenos climáticos en los usuarios.
Los equipos están reforzando y modernizando las infraestructuras. Se están enterrando progresivamente las líneas eléctricas para protegerlas del viento y de la caída de árboles. Los cables antiguos se sustituyen por modelos trenzados más resistentes, y se renuevan las redes existentes con materiales mejor adaptados a condiciones extremas.
También se apuesta por la supervisión inteligente. Drones y herramientas digitales sobrevuelan las líneas, detectan anomalías y permiten intervenir antes de que se produzca una avería. Gracias al mantenimiento predictivo, los equipos pueden anticipar las reparaciones en lugar de reaccionar a los fallos.
Por último, las empresas refuerzan su plan de mantenimiento preventivo. Realizan trabajos de limpieza vegetal alrededor de las líneas y revisan con antelación las zonas más expuestas a tormentas o inundaciones.
Este enfoque proactivo evita muchos incidentes y reduce considerablemente las interrupciones del servicio.
Los resultados ya son visibles: las interrupciones por fenómenos meteorológicos son menos frecuentes y los tiempos de restablecimiento son más cortos.
La red, modernizada y mejor monitorizada, se adapta de forma más eficaz a los desafíos climáticos.
Esta transformación refuerza la resiliencia energética nacional y garantiza una continuidad del servicio esencial para los usuarios.
PENTA apoya a los electricistas que cada día refuerzan, reparan y modernizan las infraestructuras. Su compromiso permite mantener un suministro eléctrico fiable, incluso cuando el clima se desestabiliza.